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Cuidar a quien cuida

Desde junio de 2016 se está llevando adelante un plan de formación permanente para referentes de cuidado de nuestro servicio de Acogimiento.

“Hace varios años se notaba una demanda por contar con más herramientas para trabajar. Hay una necesidad de la organización de trabajar con las referentes de cuidado determinados lineamientos, explicarles hacia dónde vamos, cuáles son nuestras políticas, qué es protección infantil, desde qué postura nos posicionamos acerca de lo que es desinstitucionalización”, señala Victoria Terra, asistente del área de Recursos Humanos de Aldeas Infantiles.

Es así como a mediados de 2016 se puso en funcionamiento un plan de formación para las referentes de cuidado segmentado por módulos, con el objetivo de brindar más recursos orientados a un cuidado de calidad para los niños, niñas y adolescentes que participan del servicio de Acogimiento.

Cada instancia de formación comprende un grupo reducido de referentes de cuidado, con las que se trabaja durante una semana en modalidad de talleres teórico-vivenciales. Los ejes de trabajo son: estructura y funcionamiento de la organización, protección infantil y enfoque de derechos, desarrollo del rol de referente de cuidado, desarrollo psicoevolutivo, salud y nutrición, educación integral y gestión y administración.

“Hemos hecho un relevamiento de las necesidades que han manifestado y nosotras vamos identificando necesidades de formación para poder seguir adaptando la currícula. La realidad es que va variando mucho, porque cada grupo es distinto. Nosotras tenemos estructurados qué temas vamos a trabajar en cada uno de los módulos, pero eso va variando en función del grupo que toca”, señala Macarena Gutiérrez, coordinadora de Formación.

Al comienzo, se notaron algunas resistencias frente a la novedad. “Era algo que no se había hecho nunca. En las primeras formaciones, las referentes de cuidado no sabían de qué se trataba. Antes se habían realizado acciones puntuales, pero no había un plan de formación. Al principio había cierta incertidumbre, miedos y temores razonables sobre lo desconocido, pero a medida que fueron pasando las formaciones nos dimos cuenta de que se iba transmitiendo que la formación era útil”, agrega Gutiérrez.

Actualmente, casi 60 referentes de cuidado han participado de la formación. Más allá de los aspectos pedagógicos, tanto Terra como Gutiérrez sostienen que a lo largo de este año de trabajo pudieron evidenciar otros beneficios colaterales, como el sentimiento de grupalidad que se genera entre las referentes.

“Encuentran aspectos comunes entre los programas. ‘Esto no me pasa solo a mí, a la de Salto le pasa exactamente lo mismo, a 500 kilómetros de distancia, y mirá cómo lo resolvió’. Circula entre ellas un conocimiento que es interesante, y eso hace también a una política de prevención y de salud de las trabajadoras”, comenta Terra.

Si bien la formación tiene como principal objetivo reforzar los conocimientos y las herramientas necesarias para el cuidado de los niños, niñas y adolescentes, también constituye una manera de contención y cuidado para las referentes.

“En la evaluación de satisfacción final, ellas dicen: ‘Nos dimos cuenta de lo importante que es nuestro rol, que podemos darles a los niños algo que puede cambiarles su historia’”, afirma Terra. “Si no cuidamos al que cuida, este no puede cuidar”, agrega.