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Criar desde la afectividad

Entrevista con la psicóloga y consultora en infancia Pepa Horno.

“Esto no va a de leer un libro. Es mucho más fácil educar a un niño con premios y castigos. Al final, los recursos son los que surjan de tu historia personal, de tu propio proceso de conciencia continua. De lo que estamos hablando es del proceso de conciencia permanente y de volver hacia ti”.

Pepa Horno habla sin prisa, pero sin pausa. Hace cinco días que se refiere una y otra vez al mismo tema pero, lejos de mostrarse fatigada, sus palabras son claras, concisas, enfáticas e inequívocas: “Cuestionar la violencia sobre niños, niñas y adolescentes implica cuestionar a nuestros padres y a nuestros abuelos. Este proceso de revisión
personal no es negociable”.

Horno llegó a Montevideo en mayo para realizar talleres con los equipos de Aldeas Infantiles. Durante esa semana de trabajo intenso también dio una conferencia abierta para más de 600 personas en el Salón Azul de la Intendencia de Montevideo. A horas tomar el avión, mientras elige un libro para llevarle de regalo a su hijo de 10 años que la espera en Mallorca, conversamos con ella acerca de la crianza positiva y su importancia en el desarrollo de niños, niñas y adolescentes.

¿Qué implica la crianza positiva?

La crianza positiva tiene que ver con transformar el modelo de relacionarse de la gente en cualquier contexto: entre adultos, en adultos con niños. Hablamos de cualquier contexto en el que el niño conviva. La escuela, un parque, la familia, un hogar de cuidado alternativo.
Hay una parte de responsabilidad que es de todos, que tiene que ver con la promoción de entornos de seguridad. A lo mejor tú no tienes hijos, o no trabajas con niños directamente, pero, en la medida en que tú cambies tu manera de 
relacionarte, eso va a ir provocando una bola que se va extendiendo. Esto es como las emociones. Las emociones son contagiosas. En la medida en que uno cambia sus patrones de crianza y sus maneras de relacionarse, se va generando un ambiente a la hora de relacionarse.

¿Qué papel juega nuestra propia historia a la hora de ejercerla?

Todos nos construimos desde lo que nos dieron nuestras figuras de crianza. Una persona es lo que es capaz de construir partiendo de lo que le han dado. Cuando uno está convencido de que sus padres le han querido y tiene que reconocer que le quisieron pero que en determinados momentos fueron violentos con uno eso no es fácil para nadie.
Cuando cuestionas el castigo físico, la gente no se siente cuestionada como padre, se siente cuestionada como hijo.
“Pues a mí mi padre me pegaba y yo soy una buena persona. A mí mi madre me pegaba y eso me ha enseñado a ser quien soy”. Esa es la resistencia. Llegar a comprender lo que eso implica a nivel visceral, a nivel de tripas, es una cuestión que lleva mucho tiempo.

¿Qué importancia tiene para el niño o la niña el apoyo del entorno en los casos de violencia y maltrato?

Un niño que ha sido violentado en la infancia y no lo cuenta es mucho más probable que sea violentado en el colegio, que sea violentado por su pareja, tanto ellos como ellas, porque no lo han elaborado. Pero si una persona ha sido violentada en la infancia y recibe apoyo y ayuda terapéutica, se convierte en la persona más sana, más resiliente posible. Las personas más fuertes emocionalmente son aquellas que conocen el dolor que provoca la violencia, y son las últimas en ejercerla. La pauta no es vivir o no violencia en tu infancia: la pauta es si tu entorno te ha apoyado y has recibido ayuda profesional.

¿Es posible la crianza positiva en instituciones de acogida? ¿Cuál es su importancia y qué dificultades tiene?

No es solo que sea posible, es una obligación. En un hogar de cuidado alternativo no es opcional la crianza positiva, es una obligación profesional. Tiene que ver con una toma de consciencia sobre tu historia de origen, con pautas
de autocuidado sistemáticas y con entender que tienes que trabajar en equipo. No es tanto una cuestión de adquisición de conocimientos como 
una revisión y toma de consciencia sobre la manera en la que hacemos las cosas. A veces en teoría lo que hacemos es adecuado, pero lo hacemos de una manera violenta. Lo que complejiza es que son bastantes niños y con una historia personal de daño muy severa. Necesitas una serie de conocimientos técnicos que te sirvan para comprender las conductas de los niños como fruto de su historia personal.

Debe ser una postura organizacional…

Cuando uno empieza a trabajar en la crianza positiva se da cuenta que tiene que ver con un cambio organizacional, un cambio estructural, no individual. Si yo quiero que el personal de cuidado ponga consciencia en su historia de vida, la organización tendrá que prestar los espacios para que puedan hacer esto. No puede ser un proceso individual. Hablamos de cambiar la manera de relacionarse. Y eso lleva tiempo.
La función del sistema de protección debe ser por un lado prevenir para que no haga falta que los niños se separen de sus familias trabajando con ellas las pautas de relación y por otro lado, en los casos en que hubo que separarlos de sus familias, ofrecerles un entorno donde ellos puedan reconstruir su historia para no repetirlo.

¿Has encontrado muchas resistencias a estos conceptos en tus
talleres?

La diferencia básica es si es un proceso impuesto o un proceso buscado. Cuando la gente me llama partiendo de un nivel de consciencia de la necesidad, los procesos suelen funcionar bastante bien. Pero cuando la gente va a un taller porque la han obligado, ahí la resistencia es tremenda. La cuestión es la consciencia sobre la necesidad de cambio. Una de las mayores fortalezas de Aldeas Uruguay es esa consciencia. Me he encontrado gente con un nivel técnico altísimo, y eso no es usual. Hay mucha consciencia sobre la necesidad de transformar el modelo de la organización y de trabajar más juntos, coordinados.

 

Mirá la charla completa de Pepa Horno en este enlace