Derechos

“La internación debe ser la última alternativa”

Conversamos con Fernando Rodríguez, director de Inau, acerca de Familia Amiga y otras estrategias para la desinternación de niños, niñas y adolescentes que están dentro del sistema de protección.

¿Cómo surge Familia Amiga?

Previo a la implementación de Familia Amiga, el mecanismo que Inau tenía como alternativa a la no permanencia de niños en hogares institucionales era el sistema de cuidadoras (mujeres que cuidan niños en sus domicilios y a las que Inau transfiere un dinero para facilitar ese cuidado). Este fue un modelo que dio buenos resultados en el sentido que era un ámbito más familiar para el desarrollo de esos niños, pero también fue muy complejo, porque, entre otras cosas, en un hogar de una cuidadora había muchos niños y prácticamente se reproducía ese componente de un hogar tradicional.

Entonces se empieza a definir un nuevo modelo, apoyado en las directrices de Naciones Unidas para la alternativa de atención y protección de derechos y en la reflexión nacional, en el que se hace el ejercicio de encontrar núcleos familiares que pudieran atender el cuidado transitorio de niños.

Familia Amiga pretende llegar a un número suficiente de familias para tener el 100 % de los niños de 0 a 5 años, que hoy por hoy son aproximadamente 550 niños y niñas, en alternativa familiar. Nosotros pensamos que en esa franja etaria no puede haber ningún niño que necesite protección integral que no esté en un ámbito familiar. El parámetro que establecimos en cantidad por familia es un máximo de 4 niños y/o niñas, y un ideal de 2.

Hay una interacción permanente con las familias. Se supervisa técnicamente, se resuelve junto a ellas temas vinculados a la salud, a la educación, y eventualmente, si es necesario, hay una transferencia económica puntual para la satisfacción de las necesidades directas del niño. El dinero que se transfiere no es una renta ni un salario, sino que es un monto entre 1 y 3 BPC (Base de Prestaciones y Contribuciones). El programa convoca a la capacidad de cuidado y a la solidaridad de las familias.

El programa surgió en 2012 y hasta 2016 no se puso en práctica…

Veníamos haciendo experiencias piloto. El Plan Nacional de Acogimiento Familiar venía seleccionando algunas familias y se venía monitoreando su funcionamiento. Eso fue fundamental, porque nos permitió en 2015, cuando asumimos la dirección de Inau, sistematizar esa experiencia, pensarla y darle el componente de permanencia. Eso nos lleva a crear el Programa Familias y Cuidados Parentales, diseñar una unidad de valoración de familias y generar un método para ello.

¿Con qué inquietudes se acercaron esas familias?

Vienen con mucha expectativa y muy informadas. Los primeros reflejos que hemos tenido han sido muy alentadores. Todavía no tenemos ningún fin de proceso. La campaña ya terminó, pero vamos a hacer una segunda edición en marzo. Tuvimos un entorno de 200 familias, el 50 % de ellas de Montevideo y Canelones. Lo que nos preocupa es que en algunos contextos territoriales se presentaron pocas familias, fundamentalmente en lugares donde necesitamos un número más importante, como algunos territorios del interior.

La permanencia de ese niño o niña en una Familia Amiga se proyecta como de corto o mediano plazo. ¿Qué sucede si en ese periodo no es posible un reintegro o una adopción?

Sentimos que el Inau tiene muchas debilidades al realizar reintegros a las familias de origen de manera respetuosa y cuidada, en la medida que veamos posibilidades de fortalecer capacidades de cuidado con apoyatura.  A nosotros nos parece que al reforzar esa capacidad nuestra podemos llegar a tener un nivel más importante de niños en su familia de origen con apoyatura o en familias extensas.

También estamos fortaleciendo el equipo de adopciones. Si reforzamos la capacidad de selección de familias en el registro único de familias adoptantes, abrimos otro canal. Dados los análisis de familia de origen o familia extensa, creemos que la internación es la última alternativa.

La dificultad que avizoramos, que vamos a seguir teniendo y que eso implica rever algún componente metodológico, es con adolescentes. Para la franja de los 13 para arriba es muy difícil concretar reintegros, integración a familia extensa o adopción.

Sin embargo, hay familias que están dispuestas a tener en su hogar a adolescentes, sobre todo cuando se ofrece acompañamiento y corresponsabilidad. En aquellos casos en que no sea posible, se puede pensar en casas comunitarias en las que los adolescentes tengan la mayor autonomía posible, autonomía protegida, cuidada, acompañada por adultos y educadores, con alguien que oriente su inserción laboral y la dinámica interna de la gestión de la casa.

Hay que generar esos contextos de protección que permitan a un joven de 18 años transitar ese proceso, minimizar esa falta de apoyatura familiar y hacerla a través de lo educativo, de ayudar a resolver las necesidades cotidianas.

¿Cómo se conforma la implementación de los centros CAFF (Centros de Acogimiento y Fortalecimiento Familiar?

Queremos convertir los 150 centros de tiempo completo que tiene Inau de gestión directa o en convenio, que dejen de ser hogares tradicionales y pasen a ser CAFF. Esto quiere decir que cada centro, fundamentalmente los que atienden la franja etaria más chica, va a tener un mínimo de niños en residencia por el menor tiempo posible como lo establece la Convención sobre los Derechos del Niño.
A la vez, cada CAFF va a tener un número de familias “asociadas”, que van a acoger niños que antes estaban en modalidad de tiempo completo tradicional.

La metodología CAFF está muy bien diseñada. La estamos probando, y con buenos resultados, en la franja de 0 a 10 años.  Para que un CAFF esté bien evaluado, un indicador sería que tuviera un tercio de sus niños en residencia y dos tercios en familia. Con adolescentes, ese porcentaje es más difícil de sostener.

¿Se prevé realizar trabajar más en los procesos de autonomía, de egreso del sistema de protección en los/as adolescentes?

Estamos sistematizando y revisando algunos proyectos que tenemos, sobre todo en el interior, de casas con bastante autonomía en las que viven 5 o 6 adolescentes (de 16, 17 o 18, algunos hasta 19), que autogestionan un nivel importante de la cotidianeidad de la casa, como por ejemplo el Proyecto Alas, de Durazno.

Por otro lado estamos haciendo un esfuerzo para que en esas edades mantengan un nivel de educación por encima del nivel secundario, o que terminen secundaria. Estamos tejiendo redes de trabajo protegido, de que dentro de la autonomía creciente de los adolescentes esté también la inserción laboral. También queremos replicar el convenio con el Ministerio de Vivienda para facilitar soluciones habitacionales a jóvenes egresados, que sea un programa nacional.

¿Por qué desde Inau se habla de desinternación y no de desinstitucionalización?

Porque lo que le hace mal al niño es que esté internado, no que haya una apoyatura institucional de protección de derechos. El niño va a seguir institucionalizado en el sentido de que somos responsables de que ese niño, aun cuando está en familia. Desinternamos, pero no desinstitucionalizamos.

La institución está al servicio de la protección de los derechos de ese niño. Lo que daña al niño es la internación, estar 24 horas en un lugar que no es una familia y que tiene todas las complejidades vinculares en torno a funcionarios que trabajan 4 días y 4 días no, o gente muy cansada porque hace turnos larguísimos; todo lo que se ha discutido nacional e internacionalmente sobre lo que perjudica los procesos de internación de los niños y fundamentalmente los niños más chicos.

En este contexto de trabajo por la desinternación, ¿cómo se suman las organizaciones de la sociedad civil?

Con la Federación de Instituciones Privadas de Atención al Menor (Fipam) estamos en contacto permanente desde que se rediseñó el programa, presentado la metodología CAFF. Lo hemos discutido, hemos incorporado aspectos que proponen las organizaciones. Si bien nosotros tenemos como instituto la experiencia de 24 horas, hay una experiencia muy fuerte de la sociedad civil. Hoy por hoy estamos con un diseño que recoge todas las experiencias, tanto públicas como en convenio, en procesos de formación, de capacitación y de discusión del perfil CAFF.

Yo soy un convencido de que las políticas se construyen desde un nivel de interacción entre los responsables políticos de los organismos públicos y la sociedad civil, que también tiene un poder político en el sentido de la construcción de lo público, en el ejercicio directo de los proyectos, en la sistematización, en el análisis.

Uruguay tiene una experiencia riquísima en construir políticas públicas de la infancia en interacción con la sociedad civil. Eso es bueno porque es sostenible, es democrático en términos de que el Estado no se apropia de las ideas, sino que las comparte.

¿Cómo evalúa Inau el trabajo de Aldeas Infantiles en este marco de desinternación y a nivel general?

Aldeas Infantiles viene haciendo esfuerzo en la certeza de que la internación no es una metodología que garantice derechos.

Se viene haciendo un esfuerzo muy importante en este sentido y de hecho ha sido una de las instituciones que ha acompañado este proceso de reflexión. Me parece que es un proceso a continuar trabajándolo.

Aldeas nos viene acompañando de muy buena forma, y nosotros acompañando a Aldeas para consolidar una metodología CAFF. Tenemos expectativas de que ese acompañamiento se profundice, se continúe. Es una institución con mucha historia, con una dimensión de atención a niños y niñas muy importante.

Su trabajo en la ejecución de Caif y otro tipo de dispositivos también habla de una reflexión interna de trabajo más preventivo, promocional, comunitario, lo que para nosotros es muy buena señal.