Derechos

Ofrecer el corazón: primer caso de adopción en Aldeas

Ahora que empieza a dar sus primeros pasos, Clara* camina junto a dos adultos, su papá y su mamá, quienes van a velar con cuidado y amor por su proyecto de vida.

A los siete meses había ingresado al servicio de Acogimiento de Aldeas Infantiles, el cual tiene como fin brindar un entorno afectivo y protector a niños, niñas y adolescentes que no pueden ser cuidados por sus familias. El objetivo de esta modalidad alternativa es brindar un cuidado de calidad y buscar las respuestas adecuadas a cada situación, a la vez que los equipos técnicos de la organización trabajan con las familias para así posibilitar el reintegro y la revinculación familiar. Cuando esto no es posible, otro de los caminos para restituir el derecho a una vida familiar es la adopción.

Según el artículo 137 del Código de la Niñez y la Adolescencia, “la adopción de niños, niñas y adolescentes es un instituto de excepción, que tiene como finalidad garantizar su derecho a la vida familiar, ingresando en calidad de hijo/a, con todos los derechos de tal, a una nueva familia”.

En Uruguay, el órgano rector y competente para la selección y asignación de familias adoptivas es el INAU (Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay).

Cuando están dadas las condiciones de adoptabilidad de un niño, niña o adolescente (es decir, cuando existe un grave deterioro en el vínculo y ningún integrante mayor de edad de la familia biológica manifiesta la posibilidad de hacerse cargo de su cuidado), se presenta la situación a un juez competente. Si las condiciones de adoptabilidad son aceptadas por este, el Departamento de Adopciones de INAU inicia el proceso con las familias en lista de espera.

“En el caso de Clara [de 2 años] se hizo un proceso de investigación que terminó a mediados del año pasado —cuenta el asesor familiar** de Aldeas Infantiles que trabajó en el proceso—.  Eso pasó a juzgado, donde se determinó si la niña reunía las condiciones de adoptabilidad. Luego se enviaron informes al Departamento de Adopciones de INAU y se esperó la verificación y la resolución del juez”.

El asesor familiar fue uno de los técnicos, junto a la asesora de familia de origen***, que acompañó a Clara y al resto del núcleo de convivencia en el proceso de adopción. Según señala, desde el momento en que el juez aceptó sus condiciones de adoptabilidad, también se empezó a trabajar con el resto de los niños y niñas de la casa. “Fue clave en el final que ellos pudieran ver a los padres adoptivos. Eso hizo que la situación fuera más natural, porque se sintieron parte del proceso. La tía social también fue muy profesional con toda la situación”, afirma.

“Clara es una niña de corazón puro. Ella era el centro de la casa, porque era la más chiquita —comenta la tía social y referente de cuidado de Clara—. Nosotras teníamos una excelente relación. Es casi imposible no involucrar el corazón, pero siento gran alegría por ella”.

Para presentarle las figuras de sus padres, el equipo utilizó muñecos. Primero ella los empezó a llamar por sus nombres, hasta que pasaron a ser “mamá y papá”. Si bien el vínculo se desarrolló muy rápido, el acercamiento fue gradual. Al comienzo se realizaron visitas cortas en un espacio de desarrollo familiar con la supervisión de integrantes del equipo técnico. Paulatinamente se fueron alargando, hasta la primera visita a su nueva casa.  “Los papás nos comentaban que tiene vecinitos que la estaban esperando, tíos, abuelos”, comenta el asesor familiar.

El INAU realiza entrevistas con las personas que manifiestan su deseo de adoptar para abordar su motivación y evacuar dudas o inquietudes que puedan surgir. En el caso de seguir adelante con el proceso, se les realiza una evaluación social y psicológica y, si cumplen con los requisitos, pasan a integrar el Registro Único de Aspirantes.

Hay un trabajo de base mínimo de dos años con técnicos, quienes les explican a los padres que quieren adoptar los derechos de las familias biológicas. En este caso, hace tres años que los papás de Clara asisten a grupos, a la vez que reciben el apoyo de una psicóloga y una trabajadora social.

El acompañamiento de Aldeas Infantiles llega hasta el momento en que la adopción se concreta. Luego, el seguimiento está a cargo del INAU. Sin embargo, los técnicos continúan el proceso con el núcleo de convivencia del servicio de Acogimiento. “Hay que ver que va emergiendo. No introducimos el tema de forma directa, pero si nos preguntan por ella les damos las respuestas. De todas formas, las personas que formaron parte de la vida de Clara pueden mantener el vínculo con ella”, agrega el asesor familiar.

La historia de Clara fue el primer caso de adopción dentro de la organización, hecho que marcó un precedente muy importante, sobre todo por la naturalidad con la que fluyó el proceso tanto en la casa de acogida como en la sus padres. En el correr del último tiempo se concretó el segundo caso, y se espera seguir trabajando fuertemente en las líneas de reintegro, revinculación y adopción para así poder restituir el derecho a la vida familiar y comunitaria de los niños, niñas y adolescentes.

El asesor familiar concluye: “En estas organizaciones en las que muchas veces el dolor y la frustración están en todo su esplendor, estas historias hacen bien no solo desde lo laboral, sino desde lo humano”.

 

 

*El nombre de la niña fue cambiado para preservar su identidad.

** Los asesores familiares trabajan con el núcleo de convivencia de las casas del servicio de Acogimiento.

*** Los asesores de familia de origen trabajan con las familias de los niños, niñas y adolescentes, buscando el reintegro y la revinculación.