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Mucha magia

El pasado 29 de agosto, los niños, niñas y adolescentes participantes del servicio de Acogimiento de los programas Montevideo, Canelones y Florida vivieron una noche distinta. Las puertas del Cirque du Soleil se abrieron para ellos/as, invitándolos/as a ser parte de una aventura inolvidable.

– ¿Qué es eso, profe?

– Magia. Mucha magia.

La tela azul flota en el aire, suave, simulando el movimiento del fuego. La luces todavía permanecen bajas y en la platea, grandes y chicos/as no dan crédito de lo que ven. “Bienvenidos a Amaluna”, grita una mujer, y el público estalla en aplausos.

Son poco más de las ocho de la noche y la reina Próspera invita a los presentes a participar del cumpleaños de su hija Miranda. Un festejo donde los espectadores son testigos de acrobacias que superan lo humanamente posible, en un espectáculo que celebra la voz y la fuerza de las mujeres.

El Faro de Punta Carretas es el punto de partida. Una inmensa carpa azul y amarilla oficia de puerta de entrada a la isla mágica de Amaluna: un lugar habitado por seres fantásticos y heroínas de la mitología griega. Hasta allí viajaron los/as participantes de nuestros programas Montevideo, Canelones y Florida, junto a adultos/as referentes. Ni el viento ni la lluvia de la noche del 29 de agosto pudieron hacer mella a semejante acontecimiento.

Dos monociclistas doradas dan inicio al show. Se toman de las muñecas, pedalean, giran y parecen fusionarse en un destello de luz. Sonríen con picardía al miedo del público, mientras sus pies aumentan la velocidad y dejan ver su destreza sobre el escenario giratorio.

“Mirá allá”, dicen algunos de los niños/as mientras señalan el punto más alto de la carpa. Desde allí, la Diosa de la Luna desciende en un aro dando veloces giros por el aire. El rock and roll impulsa su empeño por desafiar las leyes de la física y logra quedar pendida solo de su cuello. Silbidos, palmas y risas ovacionan cada movimiento.

“Se te va a caer” le grita un niño a la Diosa del Equilibrio, quien logra levantar 13 ramas de palmeras con sus pies y sostener una estructura en su cabeza que supera los 10 kilos. La tensión está en el aire. Son 15 minutos donde parece detenerse el tiempo y en los que ella se mueve con una precisión estudiada. Sigilosa, logra el balance perfecto. Aplausos y ovación.

La travesía continúa y entre cuerdas aéreas, trampolines dobles, música en vivo y una piscina, el público se va a adentrando en esta misteriosa isla. Cada demostración es celebrada. “¿Cómo hicieron eso?” es la pregunta que más se repite entre los niños/as, encandilados por los movimientos de los acróbatas.

Pasadas las 10 de la noche, el espectáculo va llegando a su fin. La luna se proyecta en el cielo de la carpa, mientras el escenario gira para despedir a los artistas. Las acrobacias y el rock vuelven a estar en armonía, en una isla custodiada por poderosas mujeres.

Desde Aldeas Infantiles SOS Uruguay agradecemos a la compañía por invitarnos a ser parte de esta experiencia por segundo año consecutivo, donde nos divertimos, emocionamos, disfrutamos y reímos.