Programa Florida

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Por donde pasa el tren

Visitamos el Caif 25 de Agosto, en Florida.

En la confluencia del Arroyo de la Virgen con el Río Santa Lucía, donde se conectan tres departamentos, está la Villa 25 de Agosto. Creada como nudo ferroviario que conectaba la capital con el puerto, es la última estación a la que puede llegar un pasajero de tren si sale desde la Estación Central en Montevideo.

La localidad, conocida anteriormente como paraje Juan Chazo, perteneció en sus orígenes al departamento de San José. Luego de la creación del departamento de Florida, en 1856, pasó a su jurisdicción, y 17 años después se fundó oficialmente, bajo la iniciativa de Ramón Álvarez.

Uno de sus mayores atractivos turísticos es el camping Otto Bittenbinder, al que concurren diariamente cientos de turistas en la temporada estival, sumándose a los menos de 2.000 habitantes estables. Además, conserva como punto de interés el puente metálico de 600 metros que atraviesa el Río Santa Lucía, creado a principios de siglo pasado, y el fortín debajo del puente, construido en 1904.

A estas atracciones históricas y naturales se suma recientemente la Ruta de los Murales, un paseo por los más de 50 murales pintados por la artista francesa Michele Dubaux en las fachadas de las casas del centro.

En esta villa apacible y colorida, por donde pasa el tren cuatro veces por día, se encuentra el único Caif de modelo rural gestionado por Aldeas Infantiles.

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El Caif 25 de Agosto es un centro modelo rural 2, que atiende a 46 niños, niñas y sus familias en tres niveles de atención: Experiencias Oportunas (de 0 a 18 meses), nivel 18 meses y nivel 2. Se inauguró el 8 de mayo de 2013, aunque desde 2008 funcionaba como espacio de desarrollo familiar (EDF) gestionado únicamente por Aldeas.

Para Anair Fleitas, maestra referente del centro, los cambios que sucedieron a partir del cambio de EDF a Caif fueron notorios: “El primer gran cambio es de estructura. Para pasar a Caif, Aldeas debió hacer modificaciones de infraestructura, especialmente en la distribución del baño, la cocina, y también en el tamaño de las salas. Por otro lado, se tuvo que contar con un equipo técnico más grande, con educadoras que tenían que capacitarse y realizar el curso de Cenfores [Centro de Formación y Estudios de Inau]. Esta formación cambió mucho la propuesta pedagógica dentro de la sala”.

El equipo está compuesto por cuatro educadoras, una psicomotricista, un psicólogo, un trabajador social, una maestra referente, una cocinera y una auxiliar de servicio.

Educar para construir

“Nuestro rol es educar, va más allá del cuidado”, comenta Fleitas. “Hay un caso que siempre comento que es el de Alejandro, que participaba del Caif. Cuando cumplió tres años, pasó al jardín. Un día, al volver a casa, la mamá le pregunta cómo le había ido. ‘Más o menos, mamá —contesta Alejandro—. La cocinera es muy distraída. Se olvidó de ponernos el yogur y la fruta en el desayuno’. Estaba acostumbrado a la rutina del Caif”, agrega.

Para la maestra, es en esos detalles cuando se ve cómo los niños y niñas incorporan ciertos hábitos, en los que también es necesario que se involucren las familias.

Los técnicos elaboran un plan de trabajo, y en ese plan generalmente se proyectan talleres con padres. Las familias también realizan actividades, como lecturas de cuentos y talleres de cocina, y también ayudan en la reparación de algunos espacios, como el sombráculo. Además, también se realizan festejos que permiten la integración entre los adultos y refuerzan el vínculo con los niños y niñas: “En el festejo por el Día del Abuelo la propuesta fue libre. Trajimos una taba, el yoyó, la perinola, el metepatas, y empezamos a preguntarles a las familias si conocían esos juguetes. Eso derivó en una competencia de yoyó y estuvo buenísimo”.

Cuando llega el invierno, en épocas de gripes y resfríos, a algunas familias se les dificulta llegar al centro. Para esos casos, se implementaron las visitas a domicilio. Este año hay tres familias que forman parte de esta propuesta: “La educadora va con un bolsón, en la que lleva juguetes y otros materiales, y hace un trabajo con los niños y la familia. Se realiza como forma de mantener el vínculo con el centro en esos casos en que la familia no puede concurrir. Creemos que da mucho resultado, porque ahí los padres ven lo que le niño hace”.

“Se trabaja mucho en alimentación saludable, en el uso del pañal y del chupete, a qué edad realizar el destete, temas vinculados al lenguaje y el vocabulario. El trabajo con las familias tiene mucho de transmitir pautas de crianza, de formación, de acompañamiento”, comenta.