Programa Paysandú

Divino tesoro

El Centro estaba lleno de cabezudos de polifón. Se acercaba el baile de disfraces y quedaban por ultimar algunos detalles. También faltaba poco para el campamento en Santa Teresa y para la mudanza al nuevo espacio, más cerca del centro de Paysandú. Es que el ritmo en Nuevo Camino es tan vertiginoso como la propia adolescencia, que se palpita en cada rincón del lugar. Charlamos con Ana Hornos (maestra) y Andreína Echeverz  (trabajadora social), quienes forman parte del equipo técnico.


¿Cómo surge el Centro Juvenil?

Nace para dar participación real y oportunidades reales a los adolescentes, tratando de comprender las dificultades que tienen. Por eso es que el perfil tiene que ser muy comunitario.

¿Cómo se acercan los adolescentes?

Andreína: Vienen siempre con algún amigo. Después se van entusiasmando con otras actividades. En un principio querían jugar al fútbol todo el tiempo y desde el equipo teníamos nuestra resistencia. Después encontramos un enganche con el fútbol comunitario, que es una forma de conectar con la comunidad.

Ana: Vimos que el fútbol era algo muy importante para ellos. A partir de esto se han trabajado otros temas. Si partimos de algo muy teórico o muy estructurado, no se entusiasman. Tenemos que trabajar sobre cosas que les llaman la atención y con mucha contención. Cuando empezamos a trabajar acá teníamos un montón de ideas, de secuencias, de proyectos, y después te vas dando cuenta que lo que necesitás hacer son otras cosas, que recién una vez que creás el vínculo podés intervenir.

¿Cómo piensan las propuestas de los talleres?

Ana: Hacemos talleres de diferentes temas, siempre con algo que les interese. Por ejemplo, si es el Carnaval, buscamos una idea que tenga algo de la historia, que les llame la atención para que puedan escuchar primero y después poder enseñarles algo. Con el fútbol trabajamos algunos textos de Galeano para poder trabajar las macrohabilidades con aquellos que no están insertos en el sistema educativo, y a los que sí les sirve porque los potencia y los ayuda. El tema de los deberes no es fácil, porque ellos prefieren ir a pintar, a jugar al fútbol. Pero vamos negociando y viendo lo que va surgiendo. No podemos quedarnos atados a lo planificado solamente.

¿Cómo se trabaja con las familias?

Andreína: Nosotros buscamos a las familias, pero la idea es que las familias se puedan acercar también al Centro. Con esos padres que son más presentes, que manifiestan alguna inquietud, tratamos de sugerirles cosas que pueden hacer, orientarlos en temas puntuales.

¿Qué sienten que han aprendido ustedes como adultas?

Ana: Desde el amor hemos aprendido que a través de poner límites podemos enseñar.

Andreína: Cuando estamos muy desbordados, decimos: “Límites con amor”.  Una de las características de los adolescentes es el cambio de humor constante, que eso también suma para el desafío que decíamos que no podemos ser tan estructurados. Yo creo que nos han enseñado eso principalmente.

Ana: También aprendimos que somos muy afortunados en muchas cosas y que para poder entender muchas cosas tenés que tener alguna conexión con ellos. Es un acercamiento persona a persona.