28 de Mayo del 2026

Día Mundial del Acogimiento Familiar

El acogimiento familiar busca restituir el derecho a crecer en familia cuando la pérdida de cuidado es inevitable.  Es una respuesta transitoria que pretende ofrecer entornos seguros y protectores para niñas, niños y adolescentes que han atravesado experiencias de cuidado adversas o situaciones de daño.

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Crecer en una familia es un derecho que todas/os las niñas, los niños y los/as adolescentes deberían tener garantizado. En sus más diversas configuraciones, aun trascendiendo lazos de consanguineidad, este es el ámbito privilegiado para su desarrollo.

Cuando una niña, un niño o un/a adolescente es separado/a de su familia por medidas de protección e ingresa en una institución de cuidado, todos los esfuerzos deben estar al servicio de restituir su derecho a vivir en familia y en comunidad [1]. La búsqueda de referentes afectivos y significativos debe ser constante.

El acogimiento familiar es una medida de protección, mediante la que se evalúa y capacita a personas o familias para que puedan brindar cuidado temporal en sus hogares a niñas, niños y adolescentes, mientras se trabaja con las familias biológicas para el reintegro o la integración a familias adoptivas. No es simplemente una modalidad que busca evitar la institucionalización ni un gesto altruista de personas generosas: es un espacio de oportunidad para construir lazos protectores con el mundo adulto en un entorno familiar. 

Las familias de acogida no reemplazan vínculos, sino que amplían la red afectiva y de cuidado que acompaña el crecimiento. La historia de cada niña, niño o adolescente siempre debe ser integrada, ya que no hay comprensión ni reparación posible si se anulan las experiencias vividas, por más dolorosas que sean.

Desde Aldeas Infantiles sostenemos que garantizar el derecho de las infancias y las adolescencias a crecer en familia y en comunidad es una responsabilidad compartida.

Por eso, trabajamos con las familias biológicas para fortalecer sus capacidades y condiciones de cuidado y así posibilitar el reintegro, trabajamos sobre las condiciones de adoptabilidad cuando el reintegro no es posible, y también buscamos respuestas como el acogimiento familiar con el acompañamiento y compromiso profesional y humano de nuestros equipos, facilitando los recursos técnicos y económicos que el cuidado necesita.  

Ser una familia de acogida supone convertirse en un eslabón fundamental en una cadena de cuidados. Es ser parte activa de una responsabilidad compartida. Es tener la posibilidad de producir un impacto positivo para muchas personas, porque a cuidar se aprende y las huellas que generan la protección y la afectividad trascienden generaciones.

Cada familia importa. Cada futuro importa.

 

[1]El cuidado residencial debe ser el último recurso y por el menor tiempo posible. Así lo disponen las normativas nacionales e internacionales, sustentadas en los efectos adversos que genera la permanencia prolongada de niñas, niños y adolescentes en instituciones de cuidado.

 

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